Procrastinar

Recurrente palabra.

Hace días que tengo las hojas blancas delante de mí y siempre me digo que empezaré mañana. Seguro que estaré más inspirado. Esto es procrastinar.

Así podríamos empezar y acabar lo que quiero contarles hoy pero al igual que yo, imagino que se habrán preguntado muchas veces cómo puedo no caer en ese famoso “lo haré mañana”.

Según la definición de la RAE, procrastinar significa: “Diferir, aplazar, postergar o posponer”.

Es la acción de retrasar una situación que se debe atender para sustituirla por otra más agradable.

Si usted ha logrado convertir esto en un hábito, a buen seguro le irá mejor aplicando esta frase de Thomas Jefferson: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

Si, pero ¿cómo se hace?¿Por dónde empezamos?

Si les parece, por aquí:

  1. Busca las causas que te llevan a dilatar tu trabajo cuando es el momento. Escribe todas las que te vengan a la cabeza. Analiza cada una de ellas. Empieza por las más fáciles de solucionar y ve a por ellas, una tras otra. Muchas te parecerán tonterías pero atiéndelas como si cada una fuera la más importante.
  2. Piensa en las consecuencias de no terminar tu proyecto. ¿Hacia dónde te lleva ese incumplimiento? Comprueba cómo te sientes. Ahora imagina la situación con el proyecto finalizado. ¿Te sientes igual al ver que lo has conseguido?
  3. Repítete y visualiza que puedes empezar ahora mismo. Es más fácil si minimizas cada uno de los motivos que escribiste como causas de tu demora. Ahora hazlos más pequeños, simples y ridículos. ¡Tanto como puedas! Verás que no son tan insalvables.
  4. Los trabajos que se detallan y pormenorizan tienen más posibilidades de ser acabados así que trocea la tarea en pequeñas metas. Tan pequeñas como necesites para poder alcanzarlas con el mínimo esfuerzo. Estos son tus micro-objetivos y ellos te guiarán hacia el éxito. Puedes repetir esta acción tantas veces como creas necesario y entonces podrás acometer los que te supongan menos de un minuto. Luego los que te lleven dos, luego los de tres… ¡Llegarás a preguntarte por qué no lo habías hecho antes!
  5. Combina tu tarea con otras que te gusten; puedes escuchar música o tomarte un café. ¡Tú decides! Utiliza las herramientas que te apetezcan como escribir con pluma, una libreta de tapa dura, una calculadora más grande, herramientas nuevas de mecánica, ropa cómoda, etc. En definitiva, haz más agradable tu tarea.
  6. Toma decisiones. Piensa dos minutos sobre la tarea y si decides conscientemente demorarla, no estás procrastinando. Revisa si realmente te interesa o te es útil. Sé firme con la decisión, pero sé sincero.
  7. Y ahora, lo más difícil… Aprende a decir no a los proyectos o tareas que vienen de fuera y te sientes obligado a aceptar. Mide tu tiempo, pero sobre todo, mide tu energía.

Si has dejado muchas cosas para mañana, te aconsejo que ese mañana sea hoy.

Ahora os propongo un ejercicio muy efectivo y sencillo.

Hagámoslo juntos,

Imaginen que acaban de entrar en una sala de cine.

Tomen asiento. Hoy son espectadores de una película personal; el argumento es una tarea que han procrastinado.

Silencio en la sala, empieza la proyección:

En la pantalla aparece una imagen grisácea y desenfocada de la tarea.

Una concreta. ¿La ven?

¡Visualice! Por favor, hágalo.

Ok. Seguimos.

La música que la acompaña es desagradable.

En la película aparece una pequeña imagen. Muy pequeña. Es su rostro  desencajado y frente a usted, de gran tamaño, esa tarea sin hacer.

¡Y está acercándose!

La música, cada vez más horrible, aumenta de volumen y el color gris se intensifica y trae con él un olor nauseabundo.

Fije su mirada en la pantalla y observe todo lo que allí transcurre y no le gusta. Hágalo con detalle. ¡Visualícelo todo! ¡Escuche! ¡Huela!

¿Lo tiene? Seguimos.

Poco a poco, la imagen de la tarea se va difuminando, se va haciendo pequeña, se aleja… La música pierde volumen hasta casi no oírse y el mal olor desaparece. Los colores van cambiando y se ofrecen alegres y vivos. Son sus colores preferidos.

Su figura emerge gigante frente a esa diminuta tarea. Su rostro es brillante y su mirada, entusiasta. Comienza a sonar su canción preferida.

Tómese su tiempo, busque el detalle sin prisa. ¡Disfrute!

Ahora hay un paisaje en el que su trabajo pendiente está perfectamente ejecutado en el plazo previsto. En tiempo y forma.

La imagen se hace más y más grande y puedes disfrutar de tus colores favoritos cada vez más intensos, de los olores más agradables y de esa música que tantas veces has escuchado y que siempre te invita a cantar.

¡Siéntelo! Hazlo, por favor. ¡Estas hablándole a tu cerebro!

Te has convertido en el protagonista de tu propia película. ¡Y es un éxito! Has conseguido generar un cambio en tu estado emocional. Has creado una nueva motivación y esto hace que puedas modificar positivamente tu toma de decisiones.

Somos pasajeros de nuestra propia mente. Solo tenemos que aprender a estructurar el viaje de una manera consciente, rápida y útil.

 “Soy bueno, solo necesito saber cómo hacerlo”.

Os sorprenderá lo fácil que será sustituir “procrastinar” por “ejecutar”.

No nos hacen falta arengas, ni discursos, ni nadie que nos motive cada mañana. Somos los mejores generadores de nuestra propia motivación.

La motivación no necesita voz, solo emoción.

Les deseo lo mejor a todos y cada uno de ustedes!!!